Reflexionando sobre las normas y límites en los niños.

Hoy en día, tanto en la consulta como en la realidad de los colegios nos encontramos con niños que no han integrado las normas y los límites. Fruto de una reacción ante estilos educativos muy autoritarios, los límites ganaron una muy mala fama.

Antiguamente, la manera de hacer entender a los niños lo que estaba o no permitido era muy dura, contundente y centrada en un autoritarismo parental. Ahora, habiendo escuchado tanto sobre la necesidad de escuchar a nuestros hijos, de entender sus deseos y emociones, algunos patrones de educación olvidan las normas y límites, mostrándose los padres muy permisivos y sobreprotectores con sus hijos.

¿Por qué un niño necesita límites?

Los límites son fundamentales para aportar seguridad, son la mejor manera de proteger a nuestros hijos. Ayudan a que el niño tenga una idea más estable del mundo, de lo que puede esperar de él. Sin límites dejamos a los niños desprotegidos ante una realidad inabarcable para ellos y difícil de entender. Esto genera mucho miedo y angustia, que luego vemos en forma de conductas disruptivas o dinámicas familiares difíciles de manejar.

Los límites son el sostén, la contención que los niños necesitan para poderse desarrollar psicológica y socialmente. Son fundamentales para la regulación emocional, la seguridad que aportan permiten un mejor manejo de emociones menos placenteras como la tristeza o el enfado.

En los primeros años, la función de ambos padres es ayudar al niño a incorporar las normas y límites que posteriormente, en la adolescencia o edad adulta le servirán para manejar su día a día, conflictos personales, retos laborales…etc. Con la introducción del “no” y la “norma” estamos rompiendo con una idea de omnipotencia en el niño que debe dejar paso a una idea más realista del sobre sí mismo para saber renunciar, poder esperar, entender que hay cosas que tiene que esforzarse para conseguir, no rendirse ante los retos, entender que tiene sus propias limitaciones y también capacidades personales.

¿Cómo poner límites?

Es importante que los límites sean puestos de manera firme y con seguridad, sin olvidarnos del afecto al transmitirlos.

Lo ideal es intentar que la comunicación no verbal acompañe el mensaje que queremos transmitir: contacto visual, cercanía física si el niño lo permite, cogerle de las manos si está desbordado por una emoción intensa…

Un límite se integrará mejor sí:

  • Es claro y conciso.
  • Se formula con tranquilidad y transmite de manera serena.
  • Deja de lado amenazas al niño sobre su valía o el amor que le tienes como padre/madre. Evitaremos frases como “mamá cuando haces esto no te quiere”.
  • Evita categorizar al niño con etiquetas “torpe”, “gruñón”, “inútil”…
  • No tiene dobles mensajes. Por ejemplo: “no puedo tolerar que me trates mal” pero a la vez accedemos a hacer lo que el niño nos pide con insultos o de malas maneras.
  • Encaja con los modelos que tienen los niños en casa. Los niños son espejo de lo que ven. Así, cuando se está trabajando un límite específico en casa, a los niños les ayuda mucho que los adultos de alrededor se esfuercen también por cumplirlo.

Queremos resaltar que es importante que no nos aferremos a estas pautas para generar como padres una sensación de fracaso si no las cumplimos. Como adultos, independientemente de nuestros hijos, tenemos nuestras propias preocupaciones, problemas e inquietudes.

Os invitamos a ser compasivos con vosotros mismos y a encontrar vuestros propios espacios de desahogo en la rutina: cena con amigos, paseos de vuelta del trabajo, ir al cine… Tener vuestro propio espacio, si es posible de vez en cuando, es importante para afrontar la dura tarea de poner límites con un poco más de serenidad.

En cualquier caso, si nos encontramos ante una situación de desborde emocional, os recomendamos que sea el padre que esté más tranquilo en este momento el que se encargue de manejar ese incidente.

Para terminar, os dejamos un pequeño resumen que esperamos os sea útil:

Poner límites es:

  • Darle seguridad
  • Contener al niño ante una realidad muy extensa e inabarcable.
  • Ayudar al niño a que esté conectado con la realidad, no solo con el mundo de la fantasía o los deseos.
  • Ayudar a que el niño aprenda a postergar la gratificación.

Poner límites no es:

  • Gritar, dar cachetes o retirar la palabra al niño, esto les genera miedo e inseguridad.
  • Dejarle sin actividades que sean buenas para su desarrollo físico, emocional o social.
  • Algo que debería hacernos sentir culpables.
  • Querer que él sea de una manera que nosotros mismos no practicamos en casa.

 

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