Gestión de las Emociones en Niños: Alegria

La alegría ¿cómo la gestionamos?

No solo las emociones como miedo, enfado… necesitan ser gestionadas. Los momentos de alegría como pueden ser celebraciones,  juegos, actividades de ocio… algunas veces provocan en los niños más inquietud o nerviosismo. 


Funciones de la alegría:


La alegría como emoción básica, ¿para que sirve?

 

-Libera la tensión del cuerpo y disminuye las hormonas que se activan en situaciones de estrés.

-Fortalece las relaciones interpersonales. Nos ayudan a entrar en contacto con los demás, es una forma de relacionarnos y crear vínculos con el exterior, a la vez que mejora nuestra autoestima.

-Nos hace ser más empáticos y aumenta nuestra sensación de bienestar. Ayuda a resolver los conflictos de una forma más satisfactoria.

Favorece la creatividad, aumenta los niveles atencionales, mantiene la motivación y aumenta los pensamientos positivos.


Los niños y la gestión de la alegría:


En otros artículos hemos hablado de la importancia de poder identificar, expresar  y manejar las emociones. Además de las emociones que generan un malestar como son el enfado, el miedo, la tristeza… también es importante tener en cuenta que la alegría en algunas ocasiones puede llegar a desbordar.


Tal vez sea más fácil acercarse a la alegría, identificarla y compartirla, porque a nivel social suele ser una emoción aceptada. Aunque a veces se piense que con ella no existen dificultades, es posible que un estado prolongado e intenso de alegría pueda llevar a idealizar la realidad y no ver  posibles consecuencias negativas


Hay situaciones de alegría que viven los niños en su día a día que pueden provocar que se sientan más nerviosos y les cueste  manejar esta emoción (cumpleaños, fiestas del colegio, excursiones…) 


Todas las emociones vividas con alta intensidad requieren ser atendidas y  gestionadas.  

Si no le damos una salida adecuada a la alegría pueden surgir ciertas dificultades, por ejemplo: cuando la alegría es muy elevada en los niños puede provocar dificultades en la atención y concentración.  También puede generar conductas impulsivas sin tener en cuenta posibles riesgos (un abrazo demasiado fuerte al compañero, tirar las cosas sin querer, ir de excursión y salir corriendo del autobús para llegar cuanto antes al destino).

¿Qué podemos hacer?

  • No distinguir las emociones como buenas y malas (negativas o positivas), si no como agradables o desagradables, porque todas nos enseñan algo.
  • Fomentar la expresión de todas las emociones, sin sobrevalorar la alegría.
  • Valorar las cosas positivas del día sin ocultar o pasar por alto aquellas que no han sido tan agradables.
  • Ayudar al niño a identificar la alegría muy intensa y hablar con él de las posibles consecuencias que pueda tener. 
  • Enseñar al niño técnicas de relajación. Ayudar a calmarse en momentos de mucha alegría  (abrazarle, hacer que respire, hablarle con calma…)

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