Desear un embarazo y no conseguirlo puede convertirse en una experiencia profundamente dolorosa. Los problemas de fertilidad no solo afectan al cuerpo: impactan también en la salud emocional, la autoestima y la forma en que nos relacionamos con nosotras mismas y con los demás.
Según datos de la Organización Mundial de la Salud, uno de cada seis adultos en el mundo experimenta infertilidad en algún momento de su vida reproductiva. Pero más allá de las cifras, hay historias, esperas, pérdidas, miedos y preguntas que rara vez encuentran un espacio para ser expresadas con libertad y sin juicios.
¿Qué entendemos por infertilidad?
La infertilidad se define como la imposibilidad de conseguir un embarazo tras un año de relaciones sexuales sin protección. Puede ser primaria (cuando nunca se ha logrado un embarazo) o secundaria (cuando hay dificultades tras haber tenido un hijo/a previamente). Las causas pueden ser múltiples: médicas, genéticas, hormonales… pero también existen causas “inexplicadas”, lo que añade aún más incertidumbre.
Y en medio de todo ello, queda la persona. O la pareja. Con su deseo, su frustración y, muchas veces, su silencio.
El impacto emocional de los problemas de fertilidad
Los tratamientos de fertilidad pueden ser largos, invasivos y emocionalmente exigentes. Es habitual que aparezcan:
- Ansiedad y tristeza persistente: La espera cíclica, el miedo al fracaso y el agotamiento emocional dejan huella.
- Sentimientos de culpa o vergüenza: “¿Y si es por mi culpa?”, “¿Por qué otros sí pueden y yo no?”.
- Aislamiento social: Las reuniones familiares, los anuncios de embarazos, los comentarios bienintencionados, pero dolorosos… todo puede convertirse en fuente de malestar.
- Dificultades en la relación de pareja: Aunque muchas veces une, también puede generar tensiones, incomprensión o distanciamiento.
- Afectación de la identidad: Especialmente en mujeres, pueden surgir pensamientos como “me siento incompleta” o “algo está mal en mí”.
¿Cómo puede ayudar la psicología perinatal?
En Afectiva, entendemos que los problemas de fertilidad no son solo un diagnóstico médico. Son una vivencia compleja, que atraviesa emociones, proyectos de vida y vínculos afectivos.
La psicología perinatal ofrece un espacio para:
- Ser escuchada sin juicios.
- Comprender las emociones que emergen en cada etapa del proceso.
- Adquirir herramientas para sostener la frustración, la ambivalencia o el miedo.
- Abordar el impacto en la pareja, la familia o la identidad personal.
- Reconectar con el deseo, la esperanza o incluso la posibilidad de redefinir el proyecto de maternidad/paternidad.
No se trata de “resignarse”, sino de acompañar lo que está ocurriendo con respeto y cuidado.
Algunas claves que pueden ayudarte en este camino
- Habla de lo que sientes, aunque no siempre encuentres las palabras. El silencio puede aislar, y compartir puede aliviar.
- Evita la autoexigencia extrema. No tienes que estar bien todo el tiempo ni mostrar fortaleza si no la sientes.
- Permítete el duelo por lo que no está siendo como esperabas. Negarlo no lo hace desaparecer.
- Busca una red de apoyo que no minimice lo que estás viviendo. A veces esa red se construye en terapia.
- Cuida tu cuerpo sin convertirlo en enemigo. Lo que está pasando no define tu valor.
Y ahora, ¿cómo seguir?
Si estás atravesando dificultades para concebir, o si te encuentras en pleno tratamiento de fertilidad, no estás sola. En Afectiva trabajamos desde una mirada profunda y humana que integra lo físico, lo emocional y lo relacional.
Te invitamos a conocer más sobre cómo podemos acompañarte en esta etapa en nuestra página de servicio de Psicología Perinatal.
Referencias
- Organización Mundial de la Salud (2023). Infertilidad: una prioridad global de salud pública.
- Asociación Americana de Psicología (APA). Infertility and mental health.
- Olza, I. (2020). Parir: el poder del parto. Obstare Ediciones.
- ESHRE (Sociedad Europea de Reproducción Humana y Embriología). Guías clínicas sobre infertilidad y salud emocional.







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